sábado, 25 de febrero de 2012

Magia en los labios


Pese a los duros golpes asestados a mi corazón,
él levanta la mirada y ansía darte un abrazo eterno.
Tras tantas mentiras, desencuentros y amigos falsos,
-que mi memoria sepultó en la desconfianza-,
cada vez que conozco a una nueva persona
tengo la cálida esperanza de encontrar honestidad.

Pero sé que la vida me dará más tropiezos.

Me levantaré descalzo, con pies adoloridos, sangrantes,
pero seguiré avanzando hasta llegar a mi Princesa.
Ella me espera, lo sé, pero más la espero yo.
Aunque extraña,
MI ESPERA es una búsqueda como la del río que busca al mar,
es larga como mi soledad de lobo que le canta a la luna,
es intensa como la pasión que macera en mi pecho renegrido.

Si llegaste, quiero que jamás me sueltes.
Que me dejes caminar de tu mano, abrazarte, besarte,
por favor, fortalezcamos la magia de nuestros labios.
No quiero que seamos hojas secas de amor.


miércoles, 1 de febrero de 2012

¡APROBAMOS!

 
¡Aprobamos el examen, carajoooo!, gritaron mis compañeros. Dicha expresión reinó también en los facebooks de chicas a las que nunca escuché ni leí palabras de tal calibre. ¡Pero sí, carajo, valió la pena tanto estudio al punto de quedarme ojeroso! 45 bachilleres en ciencias de la comunicación dimos el examen profesional.  Sólo 3 desaprobaron. Es decir: o somos un grupo de estudiantes esmerados (lo más probable) o el examen estaba facilón (por favor, no me linchen que sólo aprobé con 13). 

Una tercera teoría sobre la casi total aprobación del examen cae sobre LA BENDICIÓN RASTA del  inefable compañero y amigo Jorge Antezana, más conocido como Cocomán.

Momentos antes del examen el estudiantado bachilleril (¡un neologismo!), sentado en sus carpetas y conocedor de la espiritualidad de Cocomán, le pidió cariñosamente que nos dedique una oración, bendiciéndonos a su manera rasta para el examen.   

Cocomán, impulsado por los resortes de la amistad, salió al frente para atenuar el nerviosismo generalizado. Tomó una Biblia (¿quién llevó esa Biblia?) y empezó a leerla con voz sacerdotal, mirándonos a todos como un pastor al rebaño, como un jardinero a sus yerbas, levantando las manos en V para recoger energías del Universo Rastafari y derramarlas sobre nosotros, un puñado de estudiantes nerviosos por un examen que costó mucho dinero y tiempo, amanecidas y cansancio. Cocomán, muy concentrado, hacía reverencias, decía “Rastafari, Haile Selassie Rastafari…oh, Jah, bendícenos para este examen", además de palabras sagradas de un idioma que me sonó a lengua tribal. Al final del ritual sonreímos todos, olvidando por un breve lapso la tensión académica que cargábamos desde hace dos meses. Fuertes aplausos agradecieron a Cocomán el inolvidable regalo que fue su bendición rasta.

Cuando comenzó el examen a las once de la mañana EL SILENCIO invadió plenamente la escena que creíamos un campo de muerte para quienes desaprobemos el examen. Algunos ratos, recuerdo que las cabezas se volteaban, dudando. Otras cabezas se ensimismaron en la hoja a llenar que tenían al frente. Algunos susurros mariposeaban en el aire. Tras dos horas, los profesores recogieron parcamente los exámenes. Salimos en grupo, comparando verbalmente las respuestas, revisando al detalle las separatas, hasta el hartazgo, y varios se fueron a casa. Con unos amigos, enrumbamos por un cebiche y unas cervecitas (aviso parroquial: se recomienda tomar con moderación).

Ahora el nerviosismo fue desplazado por la duda. Una DUDA grande y punzante entre todos, incluyéndome, por saber qué calificación habríamos alcanzado y, más importante aún, si aprobaríamos el examen o no.

La misión del comando estudiantil era por lo menos obtener un once aprobatorio, ya que para muchos de nosotros era la primera vez (siempre duele la primera) que dábamos un examen profesional que nos costó en promedio tres sueldos mensuales. 

Cuando eran las siete de la noche volvimos a la Universidad para ver los resultados. ¡Carajo, aprobamos! Entonces grupalmente nos felicitamos, abrazándonos, sonriendo. Muchos compañeros vinieron, varios se fueron a sus casas o a celebrar a otro lado. Pero fuimos 9 los que acordamos salir a festejarlo ahí mismo en un bar céntrico. Pasaron muchas cosas, diré, pero quedarán ahí donde sucedieron (en honor a la discreción y secreto profesional del periodista, jaja). ¡Provecho, picarones! Contento, brindé con mis amigos, contamos chistes, anécdotas y aspiraciones profesionales futuras.

Bajo canciones de moda, en parejas fueron hasta la pista de baile del bar. Eran 4 parejas, de amigos, ah, no confundir. Una vez bailaron toditos y yo seguía feliz sentado, aferrado a mi vaso cervecero y con el celular a la mano, llamando a alguien a quien empiezo a querer muchísimo. “Hola, gracias por escribirme, aprobé el examen de titulación con mis amigos y lo estoy celebrando”, “Qué bueno, Rogger, jajaa, sí, ¡escucho la música! La debes pasar bien”, “Sí, pero no bailo, ya sabes, ¡sólo me muero por bailar contigo!”. 

=)

Comienza otra etapa en la vida. Ahora sólo nos falta redactar una monografía y sustentarla ante un jurado de profesores. Aprobado ese paso, seremos Licenciados en Ciencias de la Comunicación. ¡Vamos, sí se puede!

(Foto de arriba) Rogger Avendaño, Giancarlo Luque, Shirley Vilcapaza, Jonh Cahuana, Karina Lima, Zósimo Castro, Santiago Chambilla, Steve Coaquira, Ruth Irene, Adrián Apaza. 



  
¡¡Ese Cocomán!! Con su barba profética, luce un semblante muy rasta y sonrisa victoriosa, ahí está la magia.  Sin duda, ¡el protagonista del examen profesional!

viernes, 27 de enero de 2012

Me gustas

Me gusta la fantasía de tu mirada
que tiene el café de la arena del mar,
tan tierna, blanda y poética.

Así la tarde moría con mi beso
lento y duradero en tu mano.
Las promesas saltaban como delfines
entre la tenue frontera de tu cuerpo y el mío.

La cortina de la noche nos cubría,
tomé tu mano y nos miramos con un cariño inigualable.
Caminos en contra del mar,
como dos sombras sin un mapa de vida,
dejando a las rugientes olas marinas
y a la fogata que a su manera nos decían adiós.  

Autor: Rogger Avendaño Cárdenas.

lunes, 16 de enero de 2012

LIED 01 - Besada



Besando tu mano en el pastizal
te contemplo echada como un mar verdoso 
pintado de gaviotas que vuelan a lo lejos. 

Mi corazón se rompió los pies 
buscándote durante sudorosos años, 
oteando desde la cima de las montañas,
sumergiéndose en pantanos de incertidumbre,  

entonces apareciste de la nada, 
como una rosa blanca que se agigantó frente a mí,
llenando mi ensombrecido vacío con nombre. 
Tu sonrisa fue la espada que atravesó mi tristeza.

Así de echada en el pasto y sonriente 
es cuando me gustas más que nunca, 
hamacada en una hojarasca del débil otoño. 

Así de besada y besándome, 
envueltos en un huracán de amor, 
me enseñaste que el mejor amor 
no es el que se escribe, sino el que se vive . 


Autor: Rogger Avendaño Cárdenas.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad sin llamadas


Desde hace cuatro años recuerdo que tuve la desinteresada costumbre de llamar por celular a los amigos en la medianoche navideña, para saludarlos con afecto. Saludaba a una serie de amigos hasta que el saldo me dure.

Subía al techo de la casa, bajo un navideño cielo alborotado de pirotecnia ruidosa y luminosa, buscaba en mi agenda del celular los nombres de varios amigos, luego presionaba el botoncito verde y esperaba. “¡Feliz Navidad! Te deseo lo mejor con tu familia, éxitos”, era lo que en resumen decía, tras atropelladas palabras, solo ante mi sombra.

Lo hacía sin pedir favores ni esperar nada a cambio. Ingenuamente pensé, “ahorita seguro me llamará alguien para saludarme también”. Tras una larga espera infructuosa, me daba por vencido, apagaba el celular y dormía creyendo que los demás siempre estaban ocupados. Pensaba que en Año Nuevo algún amigo tendría reciprocidad, pero nada de nada. En fin, que tampoco soy de los que llaman obsesivamente.

Decidí, entonces, que en esta Navidad del 2011 no llamaré a ningún conocido. Tampoco en Año Nuevo. No es que se haya avinagrado mi humor ni ensombrecido mis esperanzas, sólo digamos que quiero dejar de parecer el tonto navideño de todos los años.

AHORA TODO VA CAMBIANDO. Para regocijarme, recientemente una nueva persona ingresó en mi vida, dándome días de alegría, cariño, amistad y amor. Siento que ya no seré el candidato ideal a ser el soltero melancólico que escribe poemas y cuentos, recibiendo elogios y nada de lo que en verdad busca. Ahora me veo fuera del cuadro del buen chico que camina tristemente soltero.

Una tarde en una plaza con viento suave fue el escenario en que conocí a una chica que mostró (y muestra) quererme mucho. También la quiero. Adoro que ambos respetemos nuestros espacios  y libertad personal. Mientras la gente celosa ve al amor y a la amistad como sentimientos casi carcelarios, ella y yo vemos a la libertad y a la confianza como pilares básicos. Ella dice que soy distinto a los demás, que al comienzo algunas cosas mías no le gustaron pero que, mientras más me conocía, se dio cuenta que soy diferente y eso le gusta. Sin embargo, ella me gustó desde que la vi.

Y yo, hogareño a más no poder, estoy feliz de que ella comparta mi nula atracción por salir a discotecas, las que seguramente estarán llenas en Año Nuevo.

En Navidad y en Año Nuevo no llamaré a nadie que no sea ella. Quiero pasar en casa ambas festividades, en  cama, leyendo un libro o viendo un poquitín de televisión. Aunque me tienta hartísimo beber champaña teniendo como fondo las canciones de The Beatles, guitarreando a mi placer.

Al final lo más importante será encontrarla esas noches, abrazarla fuertemente y contemplar el brillo de sus ojos.



viernes, 2 de diciembre de 2011

EL AMIGO CHILENO Y MI SOLEDAD

Tengo un amigo chileno que tiene una gran suerte con las mujeres peruanas. Siempre me lo encuentro caminando por casualidad en las calles de la pequeña Tacna. A veces por el centro, a veces por la calle Arica (que segurito a él le gusta por la remembranza chilena que le trae decir Arica), mis zapatillas y los suyas suelen encontrarse en una vereda cualquiera, como en esta noche.

Cuando hablamos, tanto él (me lo dijo) como yo, sentimos una química especial, extraña, como si fuésemos dos viejos barbudos que se entrometieron en una guerra de puras mujeres. Yo le cuento que me fue mal, que mi ex se burló de mí, mintiéndome soberanamente, que al parecer mi soltería es una condena eterna de la que a veces me escapo por pocos meses, terminando lisiado del corazón. El chileno sonríe y palmotea mi espalda, me cuenta de su nueva novia, o de la pasada, pero todas muy lindas y buena gente (fotos de celular de cara, cuerpo entero y con besito entre la peruana y el chileno). A algunas llegué a conocerlas y me quedaba boquiabierto, para luego decirle: Te envidio, compadre, tú sí tienes suerte con las mujeres.

Él me asegura que no es suerte, que es habilidad, florazo, pinta, arrebato. En esas horas de la noche, de la puerta de la universidad salen tantos estudiantes universitarios caminando solos, cabizbajos y me identifico con ellos. Tal vez carezco de todos los talentos conquistadores del chileno, pero quiero pensar que simplemente no tengo suerte con las mujeres porque no sé bailar ni siquiera un vals de niños y porque no tengo ese atractivo peruanamente aceptable.

Recordé entonces que de pronto aparecía alguien especial para iluminar mi vida y yo le era honesto, directo, romántico y detallista. Pero todo eso me falló como un mapa bamba que no me conducía al tesoro de amor que busco desde mi adolescencia. Un primo limeño, fanático de las películas estadounidenses y mexicanas,  me dijo hace poco que hay que ser menos halagador y detallista con las chicas, que a la mala se logra más, siendo calculadamente machista y algo chingón (jerga mexicana que significa, vivo, pendejo, estratega). “A muchas mujeres les gusta sufrir y ahí es cuando te quieren más”, me aconsejaba mi primo, que en Lima aprendió un montón sobre cómo tratar a las mujeres y le fue excelente (como dice el cabeza de buitre que es el Señor Burns). Entonces recuerdo las rosas que le obsequié a mi última enamorada que terminó yéndose con un morenito esquelético que se alucina más sabio que Gandhi. Para colmo de males ella dice que yo la dejé ir. ¿Quería que la secuestre o qué rayos? Pero por fortuna todo eso se difuminó. Tarde supe que ella era legionaria de la política aymara-quechuísta, algo que va contra mis ideales cosmopolitas de libertad, lejos de racismos criollistas, indigenistas o extranjeristas. El chileno me precisó: "¡Deja a esa bruja y ni más le hables!". Pero no sé si mi terquedad o cortesía hacen que todavía le diga un menguado hola cuando la veo. Soy un mal aprendiz con orejas largas.

En la cadena de equivocaciones que arrastro, no sé si la solución sea dejar de lado mi fracasado romanticismo, como una foto en blanco y negro olvidada en el albúm de mi corta vida. Ser machista y chingón sería traicionarme a mí mismo. Personalmente conozco y veo a muchas parejas felices y de pronto me pregunto en qué fallé o porqué me fallaron tanto. Mis primos tienen enamoradas lindas, estudiosas, triunfadoras. Conviven varios años y les va bien, sin ser profesionales. Sin embargo  me dediqué más a "estudiar Ciencias de la Comunicación" (a aprender una teoría que a veces muere cuando me siento a trabajar) sin darme cuenta que descuidé tremendamente el amor y probablemente por eso piso pantanos de los que me arrepiento estoicamente. Pero sigo adelante, sabiendo que en la vida la confianza es algo que nunca debe abandonarse, porque el día en que una persona deja de confiar en la vida será otro robot más de esta sociedad consumista o, peor aún, un potencial suicida.

El chileno me enseña que sólo aplica poesía, buenos chistes y ya está, a servirse del amor.

“Aunque fueron tantas las veces que me dejaron con la palabra en la boca”, me cuenta él con sus ojos oscuros en la puerta de la Universidad Nacional Jorge Basadre.

Pasan las chicas y él tiene el valor de saludarlas con un ¡hola! sin conocerlas. La mayoría se pasa sin hacerle caso, pero algunas sonríen, pocas lo miran con un gesto risueño. Yo sigo parado a su lado, riéndome y aplaudiendo sus ocurrencias, apuntando mentalmente el cómo ganarme un poco de esa gran suerte que él tiene con las chicas.

“Esas que sonríen están listas. Las que voltean la mirada, servidas”, me dice con voz de gurú el amigo chileno. Y desde esa día que brindamos con buenas cervezas artesanales para conversar largas horas, sé que esta amistad seguirá hasta que peinemos canas.

Tal vez algún día encuentre un corazón sincero que me corresponda. Hasta que llegue ese mágico episodio en mi vida, seguiré aplaudiendo el éxito mujeril de mi amigo chileno.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El lamento del Lobo y el Mono del árbol

Siempre miraba sus ojos al filo de la medianoche. En esa época, Jano quería con intensidad a Mery, caminaban juntos por la selva. Los sentimientos maduraban naturalmente como las rosas que Jano regalaba a Mery. Sin embargo, una sombra simiesca apareció de la nada y corrió, hasta robarse la atención de Mery, y miró con rencor a Jano, que ignoraba al mono flaco que pretendia ser su rival.

Sólo hay guerra cuando dos o más partes pelean. A Jano, el mono flaco le importaba tanto como un plátano podrido. No pensó que el mono flaco sería tan hábil para hablarle de amistad a Mery cuando en verdad sus pretensiones eran otras. Mery escuchaba hipnotizada la sabidutía barata del mono, hasta que llegaba Jano, entonces el mono se escapaba calladito, aprovechando la oscuridad de su piel y de la noche, era un camaleón de las sombras.

En la última semana, Mery hablaba con otra voz y otras ideas, al punto de ser irreconocible para Jano. Jano tenía ganas de capturar al mono una noche, solos, moerderle la cola y clavarle sus colmillos al simio jetón. Pero Jano no quiso ser abusivo, atacando a un primate no evolucionado, pensando que quizás Mery tendría algo de raciocinio para darse cuenta de las piruetas y discursos disfrazados del mono, ese falso amigo.

Pero la lógica pierde muchas veces.

Mery subió al árbol abandonado del mono, que brincaba contento porque !por fin alguien le creyó su teatralización improvisada!

Mery no quiso más rosas de Jano.

Caído pero nunca rendido, Jano veía con disgusto, recostado en el pasto, cómo Mery estaba abrazada jubilosa con el mono parlanchín. Comprendió que en la vida se pierde, a veces, con el menos pensado o el más débil. Jano se sintió estúpido por primera vez en su corta vida. Pensó que la teoría de la Selección Natural, de Darwin, era una gran mentira humana. Pero pensó también, que tal vez, muy en el fondo, Mery también es como el mono, pura teoría efímera y una caja llena de incertidumbres y payasadas.
Jano miró con cariño a su rosa roja, la soltó lentamente de su hocico para dejarla caer en las raíces del árbol del mono.

"Para que veas que esta rosa se muere contigo, Mery".

Jano caminaba solitario, iba a reunirse con sus amigos los lobos para aullarle a la luna y empezar la caza nocturna. La jungla era un lugar donde había que vivir rodeado de amenazas. "¿Qué rayos es entonces Mery?", aullaba con sus amigos los lobos.

"Los lobos no necesitamos de un estúpido árbol para poder vivir como los monos. El mundo entero es nuestro hogar", reflexionó el Lobo Sabio, primo mayor de Jano.


"Tal vez conocer una loba sea mi salvación", finalizó Jano.

domingo, 14 de agosto de 2011

Quiero ser funcionario (público)

Tiempo que no escribo en el blog, al que regreso con la deuda que se tiene al amigo abandonado o al libro a media lectura. Me escucho, entonces, como un eco lejano. Como era de preverse, desde diciembre pasado que acabé la Universidad y ahora tramito mis documentos para recibirme como Bachiller en Ciencias de la Comunicación. Luego a por el título. 

Tras tanto tiempo de estudios (5 años que se pasaron volando, aunque pensándolo bien fueron laaaargoooos), empiezo a juntar mis documentos para poder trabajar algún día como funcionario (según Marta Hildebrandt -Libro: El Habla Culta- no se debe decir funcionario público porque es una redundancia, ya que funcionario significa: persona que trabaja para el Estado y tiene “funciones” que cumplir). Por eso me propuse, en un bienio, acumular experiencia laboral (requisito imprescindible en los concursos públicos).

Una pequeña reflexión que maduré desde que fui practicante del meritocrático Ministerio de Trabajo (1 octubre 2010/31 enero 2011) es que se puede laborar cómodamente en el sector público. Tuve una grata experiencia con el equipo de la Dirección Regional de Trabajo-Tacna.Te respetan las fechas del sueldo, los feriados, escolaridad, día de cumpleaños, una serie de beneficios que en el sector privado (en su gran mayoría) no existen. Enarbolábamos las  banderas de la responsabilidad y del compromiso. En la otra cara de la moneda están los funcionarios quejosos y problemáticos de otras instituciones, que deberían ser retirados y así se nos permita ingresar a los jóvenes que sí queremos marcar la diferencia. Darle un cariz honesto y jovial al empleado público.

Por salud del Estado Peruano es de vital importancia que el Gobierno de Ollanta Humala sí aplique la meritocracia, admitiendo a los jóvenes profesionales que tengan buenas calificaciones y  cero denuncias por corrupción o antecedentes penales. Cuando me entero de las denuncias penales por corrupción y peculado que cargan numerosos funcionarios de la Región y Municipios de Tacna, entiendo el porqué hay presupuestos tan mal invertidos en una política de cemento y no de cerebro. Mientras en Europa se potencian las becas de estudio, proyectos culturales, actividades de responsabilidad social, acá en Perú la mayoría de autoridades parecen tener el cerebro lleno de cemento y  comisión, cutraaaa. 

Las remuneraciones de los practicantes son  insuficientes, lo justo es que sean mejoradas. Y ni qué decir de algunos practicantes que conocí (ex compañeros) que en el Ministerio de Salud y Poder Judicial no recibían ni un centavo, naaaaada. O sea, el practicante pagaba su propio pasaje, como si la institución fuese tan sagrada y benévola para acogerlo en su nido. Y para caerse de cabeza, ¡todavía le exigen como si fuera otro funcionario bien pagado y con derechos laborales!

La palabra ABUSO  merece cincelarse en una piedra, ahí en la frentera de dichas instituciones, a la puerta de ingreso para que todo el mundo lo sepa. Quizás así le bajen por lo menos unos 300 ó 400 nuevos soles a los 4 mil ó 5 mil que gana el jefazo. Una migaja, ¿no?

A los amigos practicantes, chicos y chicas, no vayan a un lugar donde no les paguen por su trabajo. Ahora que si quieres hacer voluntariado, quizás ser misionero o, peor aún, explotado, ya depende de ti.

Por eso digo, como una publicidad de profilácticos que hace diez años había: "Decide tú mismo, no permitas que otro deSida."

En el amplio ramillete de decisiones que nos pide la vida, tengo la verde esperanza de ser funcionario algún día.