domingo, 14 de julio de 2013

BREVE JUVENTUD



Shaka y sus palabras

Anoche veía por enésima vez la Saga de Hades, de Saint Seiya. Echado en mi cama contemplé la tristísima parte en que Shaka, caballero dorado de Virgo, se despedía de la vida para entrar al mundo de la muerte. Sus tres asesinos, que eran Saga de Géminis, Shura de Capricornio y Camus de Acuario,  también caballeros dorados pero por ese instante portadores de las armaduras oscuras llamadas sapuris, lloraban ante la inminente despedida de Shaka (consta en el video youtubero que anexo).

Las últimas palabras de Shaka, rodeado por pétalos blancos volando en el aire, tocaron fondo. Realmente una reflexión muy buena, tan querida en Internet:

"Las flores retoñan y mueren. Las estrellas brillan pero eventualmente se apagan. Todo muere. La tierra, el sol y hasta algo tan inmenso como este Universo, no está excluído. Comparado con eso, la vida del hombre es tan efímera como un abrir y cerrar de ojos. En ese instante un hombre nace, en ese corto instante un hombre nace, se ríe, llora, pelea, sufre, regocija, lamenta, odia y ama a otros. Todo es transitorio...y luego todos caemos en el sueño eterno llamado muerte" (dixit Shaka).



Según Séneca

En efecto, Shaka posee toda la razón. La vida es tan fugaz que son varios los pensadores que consideran perjudicial el desperdiciarla en acciones sin sentido.

Por ejemplo, el fanatismo religioso podría catalogarse de fútil. Entre tantas religiones que invadieron como plagas este mundo, jamás se podrá saber cuál es más divina y menos diablina que otra. Y lo más curioso es que en la mayoría de ellas se busca la manera de demostrarse como “más buenas” que las demás. Tiempo perdido, vano, como tratar de contar las estrellas. Algo que jamás se sabrá con precisión matemática.  

Citando al pensador Séneca, que indica que no se debe perder el tiempo en investigar temas que en realidad carecen de importancia, diremos que es vano elegir a una iglesia como más buena o mala. Lo mismo, es ridículo discutir de política, que sólo empodera a un grupo, mientras la pobreza sigue desolando hogares. Más vale hacer que decir. 

Las iglesias están y el ser parte o no de ellas no te hace más ángel ni más demonio. Ser mormón, católico, adventista, musulmán, etc., no garantiza el premio mayor en la otra vida. Si quieres creerlo es tu tema, tu cruz. Porque ahí los más beneficiados son los que recogen el dinero bajo el formato de diezmos o limosnas. Provecho a los que viven del rebaño. Provecho!

Del libro La Brevedad de la Vida, de Séneca, un punto vital es el cómo se demuestra la fugacidad de esta vida que nos tocó: "En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto".

Así diríamos que el presente es una sucesión de instantes que rápidamente se van a formar parte al archivo del pasado, a engrosar un pergamino apolillado. 

A juicio de Séneca, para sacarle mayor provecho a la vida, debe recordarse el pasado para evitar errores, aprovecharse el presente al máximo para así disponer de un futuro anhelado. 

Una Juventud tan corta

Considerando que hasta los 18 años la mayoría o estudiamos o dependemos de nuestros padres, podría decirse que a partir de ese momento recién podríamos gritar, como William Wallace, ¡LIBERTAD!


Entonces ahí la juventud, la edad más bella de la vida, alza su vuelo aguileño, llevándote a amar con mayor intensidad, desenfrenos de diversión, te alucinas capaz de todo y por encima de todos. Eres Batman, el señor de la noche. Eres supermán y crees que no existe cryptonita alguna para frenar tus arrebatos por la ciudad.

En fin, que esa fuerza de superhéroe te durará, con lo mucho, hasta los 40 años. Luego adiós superheroicidad. Bienvenido a la madurez, edad en que las frutas se caen solas de los árboles.

De los 40 en adelante, lo más estadísticamente probable es que pases al bando generacional de los tíos, o sea serás vejete (si eres joven como yo también, sí, seremos vejetes algún día).

Y quizás entonces tu velocidad y fuerza sean comparables a la de un decorativo mueble en casa.

En suma cuenta, podría decirse que se te dan 22 años para vivir al máximo. Antes y luego de la juventud, habrá cadenas que te amarren (las que finamente podríamos llamar deberes o responsabilidades): primero obedecer a tus padres cuando eres crío, luego cumplir con la pareja por si te juntas, después los dolores a la zona lumbar, la columna, temblor en las piernas, joroba (físicamente serás corroído por el tiempo, a no ser que entrenes para no sentir la feroz acuchillada del tiempo).

La niñez es poco menor que la juventud. La ancianidad es la edad más larga. Con esto, ¿es justo perder el tiempo en dudas religiosas? ¿No sería más grandioso ser un mejor hijo, mejor padre, mejor esposo?

Moriremos algún día. Algún día, cuando peines tus canas y veas tus arrugas en el espejo, tus arrugas como tierra erosionada, sabrás que perdiste años importantes, adiós juventud, en tontas competencias como la política y la religión.

Enseñanza del guerrero

Una vez un conocido octogenario me contó una historia, de la que no precisó autor. Era un cuento asiático.  Lo recuerdo más o menos así:
“Había un guerrero muy fuerte, que cansado de no encontrar rival que valga la pena en su pueblo decidió salir de viaje hasta otros pueblos y aprender todas las artes marciales para hacerse invencible. Así, conoció el taekwondo, el karate, el jiujitsu y más. Retó a sus maestros y los venció. También derrotó a los competidores que aceptaban su desafío.
Jamás se sentía conforme con su fuerza y velocidad.
Escuchó a un campesino que había un maestro del puño invencible en una pequeña aldea, atrás de la colina.
El guerrero fue por el maestro del puño invencible.
Llegó hasta él y aprendió la mortal técnica.
Lo desafió.
El maestro, aún sentado como una flor de loto, se negó. El guerrero insistió: Si usted no acepta pelear conmigo, yo le atacaré así usted se quede quieto.
El maestro adquirió un serio semblante, se frotó la barbilla blanca que le colgaba y, mirando al guerrero, dijo: No tiene sentido pelear. Sé que me ganarás. Eres más joven que yo, que estoy en la ancianidad. Tú desperdicias tu juventud buscando esa fuerza para hacerte invencible. La buscaste por tantos lugares, como me contaste, sin creer encontrarla. Pero hoy te digo, que LA FUERZA QUE TANTO BUSCAS NO LA HALLARÁS POR MÁS KILÓMETROS QUE RECORRAS. LA FUERZA QUE BUSCAS SIEMPRE HA ESTADO EN TI, SIEMPRE EN TI. Como el amor, como el odio, como la alegría y la tristeza, como Dios, todo está dentro de uno mismo y sólo debes aprender a dejarlos fluir.
Herido en su orgullo y arrepentido por los años perdidos, el guerrero se arrodilló ante su último maestro, pues los demás habían muerto asesinados por él en los duelos, y le pidió perdón. Lleno de lágrimas, comprendió que había perdido el tiempo y hecho correr ríos de sangre. Todo por una vanidad que ahora juzgaba venenosa como una serpiente. Así, tomó aire, se puso de pie y regresó por donde vino, pasando por cada pueblo y ayudando a las familias que había dejado huérfanas”.


Buscamos tanto algunas cosas, sin saber que están dentro de nosotros. Entonces, aprendamos a no seguir pistas falsas. Veámonos frente al espejo y sepamos que somos nosotros mismos la fuente de la que nacen todos los sentimientos e ideas. Lo exterior sin duda nos influirá en cierta medida. Pero todo, de antemano y como sello de fábrica, ya viene en nuestros corazones. Activarlos o no, es decisión tuya.




2 comentarios:

pato dijo...

Los encuentros importantes ya han sido planeados por las almas, incluso antes de que los cuerpos se conozcan. Bonito post !!

Rogger Avendaño Cárdenas dijo...

Hola, Pato.
:D
Sí, hace "siglos" que no posteaba xD

Gracias por la visita!

Un abrazooote hasta México Lindo